
Recipiente utilizado como contenedor de sal, sobre el cuerpo de los difuntos.
Particular manifestación funeraria practicada hasta hace poco más de un siglo; nos referimos concretamente al ritual de realizar ofrendas de sal, el cual entronca con ciertas prácticas nacidas con el surgimiento del cristianismo. Efectuadas con un claro sentido profiláctico -se evitaba que se hínchase el cadáver durante su estancia en el velatorio-, La tradición popular ha puesto en evidencia la existencia de ciertas creencias que relacionan la colocación de sal con la expulsión del maligno del cuerpo fallecido.
(Pedro Javier Cruz Sánchez)
En veinticinco días del mes de enero de mil setecientos y tres años habiendo recibido Los Santos Sacramentos de la Penitencia, Comunión y Extrema Unción, falleció Ana García Trujillano, Vecina de La Carrera, enterrose en la Nave del Órgano en sepultura de quinientos Maravedis de rompimiento, hizo testamento ante el Fiel de Fechos en la forma siguiente:
Entierro menor y Honras menores.
Al Convento de San Francisco de esta Villa, mando una fanega de trigo.
Cuarenta y ocho Misas votivas.
Por sus difuntos doce misas comunes, de a dos reales.
A Nuestra Señora de Francia, mando una cuartilla de trigo y más lo que pesase también de trigo su hijo.