Desde el Medievo hasta el siglo XIX, el rollo y la picota fueron dos instrumentos de la justicia penal de uso generalizado en Europa. En Castilla, el rollo jurisdiccional era un símbolo que pregonaba que la población tenía estatus de villa y, por tanto, que en ella se impartía justicia y se ejecutaba en derecho. Su nombre procede de su forma generalmente cilíndrica sobre unas gradas circulares. En el rollo (o en un patíbulo próximo levantado al efecto) se ejecutaba por ahorcamiento y, en algunos momentos históricos, se exhibían la cabeza u otras partes del cuerpo de los ajusticiados. Por lo común, se erigían en las afueras de la localidad.La picota servía para exponer a la vergüenza pública a los que cometían determinados delitos (fraude en el peso, incumplimiento de determinadas ordenanzas municipales …) y se ejecutaban penas corporales menores: «quando condenan a alguno a que sea azotado o ferido paladinamente, por yerro que fizo, o lo ponen por deshonra dél en la picota, o desnudan faciendolo estar al sol untado de miel porque lo coman las moscas alguna hora del dia» (Partidas, Alfonso X).

Aunque el origen y la finalidad de rollo y picota son distintos pudieron verse asimilados por tener ambos finalidad disuasoria y ejemplarizante quedando en muchas villas uno sólo como símbolo penal y de jurisdicción, generándose confusión con sus nombres, por ello Miravalles ha definido el rollo como “símbolo de jurisdicción y señorío que con frecuencia se utilizaba como picota” (1996:22).
El rollo jurisdiccional de El Barco se encontraba fuera de la localidad, sobre un montículo, en un nodo en el que confluían caminos con gran tránsito de personas, ganados y mercancías (Fig. 1). Contemporáneo del piedrahitense (“rollo de la forca que está en El Berrocal”, levantado en 1439), presentaría las características propias de los rollos gótico visibles en el de El Mirón, único que ha sobrevivido completo en Valdecorneja (del rollo de La Horcajada se conservan algunas piezas dispersas). Fue resignificado en el siglo XIX y terminó desapareciendo. Solamente se ha conservado una parte del graderío, reutilizado en un remedo del “rollo de la horca” levantado junto a la ermita del Cristo del Caño
La picota barcense presidiría la vida comercial, garantizando “la paz del mercado” en palabras del profesor García Valdeavellano. Probablemente construida en madera o en piedra y madera (materiales documentados en la construcción, en el siglo XV, de las de Piedrahíta) se levantaría en la plaza Mayor, lugar de celebración del mercado semanal. Durante la Modernidad, y hasta el siglo XIX, el lugar de exposición a la vergüenza pública fue el hoy llamado “Poste la de Paciencia”, en la esquina de la plaza Mayor con la calle de la Tea (actualmente, San Pedro del Barco). “Poste de la paciencia” en el que, según De la Fuente Arrimadas, “se exponía a la vergüenza pública y hasta se azotaba a los que cometían penas leves” y que tenía fijada una argolla para atar un pie a los muchachos y mozos rebeldes (1925, I: 223). Se trata de un pilar de granito liso de sección cuadrangular de unos 250 cm de altura en el que se ven dos oquedades rellenas con plomo, probable ubicación de la argolla a la que eran atados los reos, una de las muestras denigratorias de la pena de “vergüenza pública”. Existen paralelos de empleo de pilares y columnas como picotas en diferentes países europeos (González, 1984: 72-73) y, también, en España (Miravalles, 1996: 42-44). El nombre de “poste de la vergüenza”, con el que era conocida la picota en diferentes villas, será sustituido en El Barco con el paso del tiempo por el menos lacerante de “Poste de la Paciencia”, transmutada ya la picota en lugar de espera para los jornaleros que querían ser contratados y de aguardo para los enamorados.
