En la puerta norte de la iglesia de San Juan Bautista en Navacepeda de Tormes hay clavada una garra de oso pardo sobre la madera. Ernest Hemingway la menciona en su novela publicada en 1940 “Por quién doblan las campanas”.
Datada por el método de Carbono 14 en torno a los años 1450 -1640 según un estudio publicado por la revista Molecular Ecology, aunque Hemingway atribuye la muerte del oso a un personaje de la citada novela en fechas muy posteriores.
Según cuenta la leyenda, pudiera ser el exvoto de un segador o de un noble, que logró salvarse al ser atacado. También se le atribuye a un pastor cuyas ovejas fueron atacadas por el animal.
Dicho estudio liderado por científicos del Centro Mixto UCM-ISCIII incluye datos de poblaciones de osos junto con este y se centra en demostrar que durante las glaciaciones hubo un flujo continuo de genes en las distintas poblaciones de osos del sur de Europa.
Sea cual sea su leyenda y su origen, estamos ante un testimonio que no deja de ser atractivo e interesante tanto por su antigüedad como por el estado de conservación en el que ha llegado hasta nuestros días.

